Para millones de hispanohablantes, la búsqueda de no es meramente un acto de ocio; representa el deseo de conectar con un testimonio visual crucial sobre el Holocausto, de comprender la capacidad del ser humano para el mal, pero también para el bien más puro. En este artículo, exploraremos por qué esta película sigue siendo imperativa verla en su totalidad y en su idioma original (con subtítulos o doblaje), analizando su contexto histórico, su genialidad técnica y su legado inmortal.
Schindler abre una fábrica de utensilios de cocina esmaltados y, utilizando mano de obra judía del gueto de Cracovia (por ser la más barata), amasa una fortuna. Su socio, (interpretado por Ben Kingsley), es un contable judío que gestiona la operación y comienza a incluir en la nómina a personas que de otra manera serían enviadas a campos de concentración.